1 de enero de 2010

Borrar a ETA

por JOSÉ DOMINGO --- Jordi Évole, corrosivo como el ácido, sabe sacar lo mejor y lo peor de sus entrevistados. Con su sonrisa irónica, su sencillez de barrio, logra establecer un grado de complicidad que facilita la confesión del que habla, desnudando, a la vez, al que calla, porque el huidizo se retrata inexorablemente con sus atronadores silencios. Leer más...  

1 de enero de 2010

“Transición nacional” hacia la frustración

por JOSÉ DOMINGO --- El aniversario del referendo constitucional nos lleva a echar la vista atrás y calibrar la vigencia de la Constitución. Pedir rigor en el análisis y conclusiones a las formaciones nacionalistas es como pretender que un ultrasur o un boixo noi valoren con objetividad un penalti al borde del área en un Madrid-Barcelona. Misión imposible. Leer más

1 de enero de 2010

El discurso de Mas

por JOSÉ DOMINGO --- En la Cataluña milenaria, a la que se refería Artur Mas en su primer discurso institucional como presidente de la Generalidad, el primer nacido en el año 2011 se llama Jasmine, y es una mataronesa hija de marroquíes. Esa misma nacionalidad disfrutan los padres de Belkhir, que llegó a las 0:17 horas en la provincia de Tarragona, concretamente en el Hospital Virgen de la Cinta de Tortosa. Leer más...

1 de enero de 2010

Manzanas envenenadas

por JOSÉ DOMINGO -- Han descubierto la sopa de cebolla. Según la última encuesta del Centre d’Estudis d’Opinió, dependiente de la Generalidad, los castellanohablantes son más reacios a votar a favor de la independencia de Cataluña que los catalanohablantes. De todas maneras, los nacionalistas han empezado a trabajar para cambiar ese resultado. Les va el referéndum, consulta o plebiscito en ello. Ya lo dijo Artur Mas en una convención de empresarios en Tarragona: "cuando tengamos una mayoría social que entienda el porqué, ya encontraremos el cómo”. El porqué lo están fabricando y por eso intentan atenuar posibles reticencias o inquietudes de la comunidad lingüística castellanohablante. El propio Artur Mas en el último debate de política general recordaba que el castellano es también un patrimonio de Cataluña y  Omnium Cultural (vaso comunicante de CiU) afirmaba en la reciente “Declaración de Santa Coloma de Gramanet” que en el nuevo Estado el catalán sería la lengua propia y de cohesión, pero que no se debía olvidar que la lengua castellana es patrimonio cultural del país (por Cataluña). Por cierto, esta declaración se presentó en Santa Coloma para conmemorar que fue en esta ciudad donde se iniciaron a principio de los años ochenta las políticas de inmersión lingüística. No es casual que haya sido esta ciudad la elegida para vestir de largo a Omnium como entidad declaradamente secesionista. Al hilo de esto último ¿por qué asistieron a ese acto la vicepresidenta de Unió, Joana Ortega, y los socialistas Antoni Castells y Joan Ignasi Elena, si sus partidos no son independentistas? Estas intenciones son tramposas. Dejando de lado la marginación que sufren los castellanohablantes en la escuela pública y concertada catalana y en la administración autonómica, todavía está presente la polémica que desató el presidente del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes (CONCA), Carles Duarte a raíz de considerar injusto que no se pudiese conceder el “Premio Nacional de Cultura” a los escritores catalanes de lengua castellana. ¿Creen que si de verdad se considerara el castellano como patrimonio cultural de Cataluña sería necesario a estas alturas reclamar ese reconocimiento? Lamentablemente, gran parte de la clase política catalana y de las entidades que le dan apoyo marginan, cuando no desprecian profundamente por traidores, a Juan Marsé, a Luis Goytisolo, a Ana María Matute, a Carlos Ruiz Zafón o a Eduardo Mendoza y a tantos otros que utilizan el castellano como lengua de cultura. Partiendo del axioma –equivocado- de que la cultura catalana es aquella que se expresa en catalán, aducen que los escritores que escriben en castellano ya tienen las instituciones españolas para defenderles y homenajearles. Además, como argumento de autoridad, repiten machaconamente en medios de comunicación y foros de opinión, que a los escritores de lengua catalana el Estado español no les reconoce méritos. Esta última afirmación es completamente falsa. Los Premios Nacionales de Cultura que otorga el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte se conceden a cualquier escritor español, con independencia de la lengua en que se exprese. Buena prueba de ello es que, entre los miembros del Jurado de estos Premios se encuentran miembros del Instituto de Estudios Catalanes y de la Real Academia Española, Gallega y Vasca. Es más, repasada la lista de los premiados en el campo de la literatura, encontramos a escritores de lengua catalana -algunos de ellos reconocidos independentistas- como Joan Margarit, Josep Maria Castellet, Joan Perucho, Miquel Batllori, Pere Gimferrer, Lluïsa Cunillé, Emili Teixidor, Albert Miralles, Miquel Desclot y Jordi Sierra i Fabra, por citar algunos. A la vista de la práctica actual, no hay motivos para esperar a la independencia (a lo mejor no llega nunca) para reconocer en la práctica y en las leyes que el castellano es también patrimonio cultural catalán. Tiene toda la pinta de que estamos ante una más de las muchas manzanas, envenenadas con el gusano de la exclusión, que el nacionalismo da a comer a incautos.

1 de enero de 2010

Opinión a un compañero

por OLEGARIO ORTEGA -- ‘Desgraciadamente, en esta Cataluña, se materializa el tocomocho a cuatro actores, también llamado ‘PUC’. Las opciones reales son nacionalismo o constitucionalismo: el primero con envoltorios a la medida, el segundo, escaso de encontrar y satanizado por los voceros. Los que hemos aprendido a entender la política en términos de derecha y de izquierda, ya no podemos ejercer. Nos han llevado al terreno pre político, al de “lo primero es existir”; una vez conseguido, ya nos organizaremos entre derechas e izquierdas’. Olegario Ortega Apreciado, me pides que te dé mi opinión sobre el manifiesto federalismo e izquierdas. Ahí va una primera reflexión. CiU (y creo que todo el nacionalismo pensante, excluyendo a los rapados vocingleros), ERC, ICV-EUiA y PSC, están exponiendo un mismo y único proyecto, a pesar de las diferencias aparentes. Vuelven a actuar como Partido Único de Cataluña, si es que acaso han dejado de ir en el mismo barco desde el inicio de la democracia. CiU está tratando de no ser sobrepasada electoralmente por ERC, de ahí su fachada de radicalismo mesiánico. Pero su verdadera propuesta política la está llamando ahora “Estado propio”. ERC propone simplemente la independencia, sin matices. Resulta difícil encontrar diferencias entre ambas propuestas, pero se explica la diferencia de lenguaje y de énfasis debido al historial de ambos partidos y a la percepción genérica del electorado. Por decirlo mediante analogía, ERC actúa de juventudes de CiU, actúa sin complejos y es la proa del barco, tiene poco que perder y mucho que ganar ante un electorado cada vez más caliente y menos entendedor de lo que está pasando en profundidad. CiU actúa como el hermano mayor que debe sujetar el atrevimiento de la juventud y de la inexperiencia, pero sabiendo que los intereses de la familia son los mismos, y eso requiere prudente administración. El único problema que tiene el PSC es que se ha roto el mito. Su electorado ya ha percibido que el PSC no es el PSOE en Cataluña, que es un partido más del aparato nacionalista y por tanto, que si le vota, lo que hace es reforzar al nacionalismo, vía directa o indirecta. Su situación actual es dramática, próxima a la de un partido marginal. Eso no es una tragedia para el partido, lo es para un electorado que ha sido engañado y timado reiteradamente, a lo largo de su existencia, desde la reunificación. Como sabes, eso tiene una derivada muy, muy grave: el PSOE anda dando bandazos porque su política territorial la ha venido definiendo el PSC; así les va, y así les irá hasta que alguien les suelte en plana cara que ¡es el Estado, estúpido! Decía que no es una tragedia para el partido, en tanto que aparato. Sus ocupantes acabarán encontrando acomodo en CiU, ERC o PSOE, eso los que no estén ya en situación fáctica de retiro seguro y bien retribuido (algo así como lo que decía Jordi Pujol sobre sus hijos: “Ya los tengo colocados”). La situación dramática a la que aludía es que ha devenido en una herramienta inútil para controlar “la charnegada” (o la white trash, en lenguaje más fashion). El problema, por tanto, no es del PSC, sino del nacionalismo al que sirve. De hecho, las prisas para la independencia también se deben a esto. El corral está inquieto. A su falta de credibilidad se suma un liderazgo sin relieve, producto del sálvese quien pueda, y un discurso político que se hace durante el día y se rehace durante la noche. En este hacer y deshacer le han quitado el polvo al federalismo asimétrico de Pasqual Maragall (al que creí en el año 1982 cuando afirmaba que él no era nacionalista, sino catalanista; ya ves, la fuerza de la semántica). La última vez que estuve escuchando a una portavoz de ICV-EUiA, en un mitin compartido en Hospitalet, dijo que la esencia de su programa era, a diferencia del de CiU que lo acababa de exponer por boca de Carles Campuzano, que ellos también defendían un concierto, pero solidario. De nuevo la magia de la semántica nos hace soñar con revolcarnos sobre la nieve, pero cuando esté calentita. Tomemos ahora las diferencias entre esas opciones. Con lo que sueña CiU, y por extensión el nacionalismo, y por inclusión los demás partidos citados, atendiendo al posibilismo, es con un espacio inexpugnable a las instituciones políticas, judiciales, económicas y fiscales españolas, pero dentro de España. Eso sí, darán algún sobrante, porque Cataluña siempre ha sido solidaria. Ya no pueden marear más la perdiz con que la independencia era posible dentro de la Unión Europea, dentro del euro y dentro de sus mercados. La solución: un Estado propio dentro de España. ¡Menudo chollo! No necesitan Ejército, pueden materializar unas estructuras semi medievales, las 400 familias quedan amparadas por instituciones propias, ocupadas por los propios de las mismas familias. Pueden acceder al mercado laboral de España mientras que los españoles quedan vetados en Cataluña (aunque obtengan un nivel C de catalán, seguirán con una pronunciación deficiente, y naturalmente, no darán el perfil). Por lo demás, la población residente tendrá un estatus andorranizado, es decir, unos disfrutan de la legitimidad social y los demás se tendrán que ir mimetizando. Total, unas cuantas generaciones, un sentimiento de culpa por no ser pata negra, y la facilidad legal ya existente de intercambiar los apellidos. Recuerda que en plena segregación racial en los EEUU había negros que llegaban a notarios, prueba evidente de que lo de la segregación era un mito, que lo que importa es la voluntad de llegar. Fíjate que el aforismo “es catalán quien vive y trabaja en Cataluña” se sustituyó por “es catalán quien vive y trabaja en Cataluña, y tiene voluntad de serlo”. La independencia de ERC y adláteres es plantear el órdago inviable para que el planteo de CiU asuste menos y se asuma con menos resistencia. En términos campechanos, CiU pone el plan y ERC la estampita del tocomocho. Pero a CiU y a ERC les une el mismo proyecto, los mismos intereses y la misma intención. Toma ahora el plan de CiU y llámale como lo llama el PSC: federalismo asimétrico. Más de los mismo. Si es federalismo, ¿puede ser asimétrico? ¿Acaso en un rapto de sentido socialista quieren decir que las cuentas siempre deben salir a favor del más débil? ¿Se les ha aparecido la virgen para recordarles el viejo axioma socialista: cada uno aporta según sus posibilidades, cada uno recibe según sus necesidades? ¿No nos dejó perplejos la distinguida Rocío Martínez-Sampere al afirmar que la solidaridad acababa en el Ebro? Ya ves que el faro, los faros, del movimiento proletario, socialistas y comunistas, son ocupas al servicio de un proyecto reaccionario hasta la médula, sustentado en el narcisismo étnico, en el egoísmo más cruel y desconsiderado y en que los derechos civiles y democráticos, simplemente, no tienen cabida. El electorado hará bien en no escupirles, no hay que perder las formas, pero hará mejor al no votarles. Desgraciadamente, en esta Cataluña, se materializa el tocomocho a cuatro actores, también llamado PUC. Las opciones reales son nacionalismo o constitucionalismo: el primero con envoltorios a la medida, el segundo, escaso de encontrar y satanizado por los voceros. Los que hemos aprendido a entender la política en términos de derecha y de izquierda, ya no podemos ejercer. Nos han llevado al terreno pre político, al de “lo primero es existir”; una vez conseguido, ya nos organizaremos entre derechas e izquierdas. Para entonces, amigo, ya estaremos criando malvas. Recibe un abrazo. Olegario Ortega es vicepresidente de Ágora Socialista

1 de enero de 2010

¿Cisne negro o pollo del montón? El déficit fiscal catalán en perspectiva

El Pais 05 octubre 2012 Una de las afirmaciones más repetidas por la prensa catalana en estos tiempos de efervescencia independentista es que el expolio fiscal que sufre Cataluña no tiene parangón en ningún lugar del mundo. Como muestra, valga un botón. En un artículo reciente en La Vanguardia, mi buen amigo Germà Bel equiparaba a los territorios con déficits fiscales similares al catalán con los cisnes negros: no es imposible que se encuentre alguno, pero desde luego se trataría de un fenómeno muy raro. El artículo del profesor Bel reavivó en mí una perplejidad recurrente. No termino de entender la facilidad con la que gente por lo demás muy sensata sostiene o acepta afirmaciones tan improbables como esta sin ofrecer o exigir evidencia medianamente consistente de que las cosas son como se dice. El fervor patriótico tiene efectos curiosos sobre las reglas de la lógica, que quedan en suspenso siempre que se trata de defender la causa. La tesis del expolio sin parangón resulta en principio poco plausible porque el sistema fiscal español no difiere de los existentes en otros países de una forma que haga presagiar un especial maltrato a nuestras regiones más ricas. Si excluimos a los territorios forales, es cierto que tenemos un sistema de financiación regional más igualitario que el de Estados Unidos, pero no muy distinto en términos de sus resultados del australiano o el alemán, o de la situación imperante en Estados centralizados como Francia. También es cierto que nuestra inversión pública ha sido más redistributiva de lo razonable durante décadas, pero no somos el único país que tiene este problema y, en cualquier caso, el impacto de la inversión sobre el grado de progresividad del conjunto del gasto estatal es limitado debido a su reducido peso (un 7,6% en 2009). Por otra parte, y excluyendo una vez más a Estados Unidos, España presenta un nivel de gasto social comparativamente reducido, lo que tiende a limitar la redistribución de la renta entre individuos y, por tanto, entre territorios. Teniendo en cuenta todo esto, cabe esperar que los déficits fiscales de las regiones ricas españolas (excluyendo a las forales) sean mayores que los de territorios similares en Estados Unidos y posiblemente en otros países anglosajones, pero no que los de sus homólogas en la Europa continental —incluyendo ciertamente a Alemania, donde, por mucho que se repita lo contrario, no existe límite legal alguno al tamaño de los déficits fiscales regionales. Por lo dicho hasta el momento, la carga de la prueba debería recaer sobre el que afirma la excepcionalidad del saldo fiscal catalán, y no sobre el que la cuestiona. Y, sin embargo, es al revés: es al acusado a quien se le exigen pruebas de su inocencia. Esto no tendría importancia si contásemos con buenos datos, pero no es el caso. No existen —o al menos yo no he encontrado— datos homogéneos que permitan comparar el saldo fiscal de Cataluña con el de territorios similares en Francia, Alemania o Suecia. Lo que sí existe son datos norteamericanos directamente comparables con las estimaciones del saldo fiscal catalán que ha elaborado la Generalitat (por el método del flujo monetario y corrigiendo por el déficit presupuestario central). La Tax Foundation ofrece (hasta 2005) una estimación del reparto territorial de los impuestos y gastos federales, así como de la tasa de retorno de cada Estado, definida como el gasto federal que vuelve al mismo por cada dólar de impuestos federales soportados. El gráfico muestra que la tasa de retorno decrece con la renta relativa y tiende a situarse por encima de la unidad en los Estados pobres y por debajo de ella en los ricos. Como el lector puede apreciar, el punto rojo que representa a Cataluña (en 2009) encaja perfectamente en el patrón que dibujan el grueso de los Estados americanos (en 2005). Con una renta per capita relativa al promedio nacional similar a la de Nueva York (NY) o Nueva Jersey (NJ), la tasa de retorno catalana (0,73) se sitúa a mitad de camino entre las de estos dos Estados (0,64 y 0,81). Es cierto que el déficit fiscal catalán (un 8,5% del PIB) es mayor que el de cualquier Estado norteamericano, pero tampoco tanto: Nueva Jersey se queda solo un punto por debajo. Además, conviene recordar que estamos hablando de un país en el que básicamente no hay sanidad pública y donde la educación se financia con un impuesto sobre la propiedad a nivel de municipio o incluso de barrio. La principal razón por la que los déficits fiscales de los Estados ricos de EE UU son inferiores al de Cataluña tiene que ver con el tamaño relativo de las Administraciones de ambos países, que a su vez refleja el grado de desarrollo del Estado de bienestar en los mismos. Una corrección aproximada por este efecto consiste en recalcular los saldos fiscales tras suponer: 1. Que el peso del gasto federal aumenta hasta el nivel observado en España, pasando del 17,9% al 30,6% del PIB. 2. Que los impuestos adicionales necesarios para financiar este gasto se reparten de la misma forma que los tributos ya existentes. Y 3. Que el gasto adicional se distribuye en proporción a la población de cada Estado. Con estas hipótesis, la corrección por tamaño haría que el déficit de Nueva York se acercase mucho al catalán (pasando del 3,5% al 6% del PIB), mientras que el de Nueva Jersey se situaría holgadamente por encima del mismo (alcanzando el 11,7% del PIB). Los cálculos precedentes han de interpretarse con precaución. Si a los estadounidenses les diese de repente por construir un Estado de bienestar europeo, es imposible prever cómo sus costes se repartirían territorialmente. Pero el ejercicio nos ofrece una referencia muy útil: la de un hipotético Estado con un sector público de proporciones europeas, un sistema de financiación territorial no especialmente igualitario y una estructura impositiva idéntica a la americana. Si en este contexto el déficit fiscal catalán no llama especialmente la atención, resulta difícil pensar que pudiera hacerlo con datos reales de los países de nuestro entorno más inmediato. Así pues, el análisis del caso estadounidense sugiere una conclusión muy distinta de la que los nacionalistas catalanes nos presentan como una verdad revelada: que en el caso de las regiones ricas de los países avanzados, los saldos fiscales negativos del tamaño del catalán seguramente están más cerca de la regla que de la excepción. Con toda probabilidad, el déficit fiscal catalán no es un cisne negro, sino un bicho mucho más fácil de encontrar: un vulgar pollo del montón. Ángel de la Fuente es miembro del Instituto de Análisis Económico (CSIC). Clicar aqui para un análisis más detallado